Muchas empresas se plantean cuál es el momento idóneo para comenzar su proceso de pruebas de un sistema. Es algo que genera muchas dudas pero que, sin embargo, tiene una respuesta muy sencilla y clara: Debemos empezar con las pruebas del software tan pronto como sea posible.

En algunas ocasiones, el proceso de testing se relega al final del proyecto pero no podemos olvidarnos de que, tal y como detectó un estudio realizado por Standish Group en 2015,  gran parte de los errores detectados se deben a que los requisitos y las especificaciones son incompletos o están mal formulados, por lo tanto, son defectos que se concentran en las etapas más tempranas del proceso de desarrollo y su coste de corrección aumentará si permanece no detectado hasta fases más avanzadas.

Incluir actividades de pruebas desde las fases iniciales supondrá un ahorro considerable en el coste ya que corregir un error cuando el desarrollo está más avanzado o incluso cuando ya se ha puesto en producción, cuesta de media un 60% más que corregirlo en las etapas más tempranas y, además, nos permitirá obtener un software de mayor calidad.

El escenario ideal supone, por tanto, que el testing no sea considerado como una fase independiente del proyecto de desarrollo sino parte del mismo. Detectar los errores antes de pasar a la siguiente fase de desarrollo, nos permitirá corregir errores, evitar costes innecesarios y retrasos en tiempos de entrega.