Q-Val posee un amplio abanico de requisitos predefinidos, no específicos para un proyecto concreto (llamados “Buenas Prácticas”) permitiendo también añadir tantos “Requisitos de Cliente” (requisitos específicos del proyecto) como sea necesario.
La metodología Q-Val ha sido diseñada para poder adaptarse con facilidad a cualquier tipo de aplicación Web gracias a su doble estructura Facetas/Requisitos.
Los diferentes tipos de aplicaciones Web pueden ser clasificadas:
Según su funcionalidad:
Según los usuarios:
Según el tipo de aplicación que se vaya a analizar, variarán las facetas a tener en cuenta. Dichas facetas están agrupadas en las siguientes categorías: